EN CARTAGENA, playa blanca no podrá abrir durante la reapertura – Otras Ciudades – Colombia



Los cuatro kilómetros del paradisiaco balneario de Playa Blanca, en la isla de Barú, no podrán operar en la apertura de playas piloto para bañistas, prevista para el próximo primero de octubre.

El comercio ilegal, que opera con cientos de bares, hostales y restaurantes ilegales que invaden la playa, será puesto en cintura por el Distrito, la Dimar, la Superintendencia de Industria y Comercio y Parques Nacionales.

“No podemos volver al caos que había en Playa Blanca antes de la pandemia: demasiada degradación ambiental, demasiada sobrecarga en la playa. El aforo real y la capacidad de carga de esa playa es apenas una pequeña porción de la gente que llegaba. Quioscos, cosas y negocios pegados a la línea de baja mar por donde no se puede caminar. Todo eso hay que cambiarlo”, señaló el alcalde de la ciudad, William Dau.

Nativos de la isla de Barú, que dependen económicamente del turismo que llega a esta playa, han protagonizado protestas los últimos días. 

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Tampoco se le abrirá puertas al turismo depredador que desborda el balneario todos los fines de semana y que convierte en basurero el mar y la arena, causando un daño ambiental irreversible.

“La idea es que tenemos que mejorar todo esto, eventualmente va a haber cobro y control del aforo de la cantidad de bañista. Los locales sí podrán entrar sin ningún problema”, sostiene el alcalde, quien anunció que Playa Blanca no hace parte de las playas autorizadas para la reapertura.

Playa Azul, en La Boquilla; tres playas de Bocagrande, y un grupo de playas de islas del Rosario y Tierrabomba hacen parte de los planes piloto en medio de la pandemia. 

“Vamos a quietar todos esos negocios informales que están en línea de baja mar y así liberar la playa para que los locales organizados puedan hacer su sustento de los visitantes organizados”, añade Dau.

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Con la apertura del Puente de Barú, sobre el Canal del Dique, en abril del 2014, que unió a Cartagena con la Isla de Barú, se le dio paso a la llegada masiva de turismo depredador.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

El desorden, la informalidad y la falta de autoridad que hoy reina en Playa Blanca hacen inviable ejecutar allí un piloto con turistas en medio de la pandemia, pues se requieren amplias franjas de espacio para la venta de bebidas y alimentos, otra para el descanso, una más para deportes de arena y finalmente el espacio para bañistas.

“Estamos en negociación para adquirir un predio cercano que hoy opera como parqueadero. Estamos viendo la posibilidad de que ese lote lo tome en arriendo el Distrito de Cartagena o la Corporación de Turismo y allí se va a construir un modelo sencillo para que los comerciantes de comidas se trasladen allá arriba”, suma Dau.

Pero el caos en este balneario no es solamente en la arena: en el mar, varios bañistas han resultado heridos luego de ser arrollados con motos acuáticas y lanchas, porque la playa hoy no cuenta con un puerto de embarque y desembarque y no hay control para la llegada de lanchas repletas de turistas.

Esta foto tomada antes de la pandemia muestra la invasión de las zonas de baja mar con construcciones y mobiliario en Playa Blanca.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

“Dimar y Superintendencia de Industria y Comercio anunciaros que todo eso hay que cerrarlo, pero eso no se puede tumbar sin tener la certeza de que después nos vayan a venir a demandar. Pero sí tengo la firme intención de tumbar todos esos negocios informales que están en bajamar y rescatar Playa Blanca”, concluye el alcalde.

Los comerciantes más antiguos de la playa reconocen que es hora de frenar la entrada de más ilegales y reorganizar la zona. 

“Aquí lo que hay es la necesidad de volver al trabajo urgente pero no desorganizado como antes; y es complicado que las comunidades lo entiendan. Lo peor es la presión de los operadores turísticos que individualizan a los dueños de establecimientos y no los dejan pensar, ni organizarse a las comunidades. Necesitamos una visión colectiva para poder preservar la propia identidad cultural y darle a la playa un huso equilibrado y auto sostenible”, dice María del Carmen García, propietaria del hostal ‘La Española’ en Playa Blanca.

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Playa Blanca fue una de las zonas evaluadas por el distrito, previo a la reapertura, pero el concepto fue negativo.

Foto:

John Montaño- EL TIEMPO

Playa Blanca, caos en un hermoso balneario

Con la apertura del Puente de Barú, sobre el Canal del Dique, en abril del 2014, que unió a Cartagena con la Isla de Barú, se le dio paso a la llegada masiva de turismo depredador que sin dios ni ley viene devastando la hermosa playa de aguas azul turquesa.

Con la llegada masiva de turismo también llegó el comercio sin control y la entrada de negociantes inescrupuloso del interior del país y extranjeros que se unieron a raizales para devastar amplias zonas de manglar y bosque seco tropical y construir allí hostales, restaurantes y bares.

Lo peor es la presión de los operadores turísticos que individualizan a los dueños de establecimientos y no los dejan pensar, ni organizarse a las comunidades. Necesitamos una visión colectiva…

“Lo que allí había antes de la pandemia era un cóctel de caos e informalidad: los nativos demoliendo bosques e invadiendo terrenos de la nación, con el argumento de que tienen derecho al territorio, y negociantes venidos de Bogotá, Cali, Medellín, incluso argentinos y españoles, poniendo los recursos para levantar hostales sobre predios de la nación”, recuerda William Rayano, veedor ambiental.

Todo este caos en Playa Blanca, sumado a la interinidad administrativa en Cartagena, dio vía libre para que invasores profesionales se tomaran el balneario, y con el poderoso músculo financiero que les deja el mismo turismo depredador han pagado abogados que han puesto en jaque al Distrito al que ya le han frenado tres desalojos, con tutelas en la cuales el principal argumento es el derecho al trabajo y al territorio de cientos de personas afro de los corregimientos de Ararca, Barú, Santa Ana, Pasacaballos, y otras poblaciones aledañas que viven del turismo sin control que devasta a Playa Blanca.

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John Montaño
Redactor de EL TIEMPO
Cartagena
En Twitter: @PilotodeCometas

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