Economías de Antioquia y Valle, de las más resistentes a la crisis | Economía



A través de los 32 departamentos que tiene el país, divididos en ocho regiones, la foto del impacto de la pandemia por el coronavirus deja un balance de caídas históricas para las distintas economías y, por supuesto, del orden nacional.

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De acuerdo con varios análisis del Banco de la República, esas contracciones se ven más pronunciadas en sectores como el comercio, industria, transporte y construcción, lo que a su vez se ha traducido en una tasa promedio nacional que ronda el 20% y un desplome del PIB en el segundo trimestre de 15,7%.

Según los ocho boletines que publicó el Banco de la República sobre el desempeño que han tenido los departamentos en el país en el segundo semestre en materia económica, abril fue el peor mes, pues impactó con fuerza la producción industrial, el comercio, los servicios, y el comercio exterior, entre otros. En algunos de estos se ve que, sin embargo, las captaciones y las colocaciones del sistema financiero tuvieron una evolución positiva en medio de la pandemia.

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La producción industrial, que mostró una caída en julio de 8,5% en todo el país, fue otro de los indicadores que más reportó un desplome por cuenta de la crisis, que inició desde marzo, cuando llegaron los primeros casos por covid-19 e iniciaron las cuarentenas.

Entre las contracciones más pronunciadas se ve la de Boyacá, que en el segundo semestre registró un -47,5% en ese indicador.

“Por su relevancia departamental, influyeron las importantes caídas en la producción de industrias de hierro y acero, y minerales no metálicos, ambas actividades afectadas por los cierres de algunas plantas y la parálisis en la construcción de edificaciones. No obstante, hacia el final del trimestre pudo percibirse una ligera recuperación. Dada la poca demanda, las ventas reales de la industria en Boyacá también reflejaron una significativa disminución”, dice el BanRep.

Otro de los rasgos que comparten los departamentos fueron las caídas históricas en el mercado laboral, situación que fue más grave en lugares como Neiva (37,4%), Ibagué (35,5%), Popayán (33,5%), Cúcuta (31,7%), Florencia (30,5%), y Armenia (29,5%), ciudades con las tasas más alta de desempleo entre mayo y julio, según el Dane.

DETALLE DE LAS REGIONES 

Si se mira en detalle por regiones, se ve que, por ejemplo, Antioquia fue uno de los departamentos que si bien mostró caídas históricas, pudo resistir mejor al impacto de la pandemia. De acuerdo con el Índice Mensual de la Actividad Económica (Imae), que hace el Banco de la República con algunos departamentos, Antioquia tuvo un desplome de su economía de 11% en el segundo trimestre, por debajo de la caída que tuvo la economía nacional en ese mismo periodo.

“En abril, el Imae estimó una baja anual de 22,2% en la economía del departamento, la más profunda en los meses del trimestre, como consecuencia del aislamiento obligatorio y el cese de casi toda la actividad productiva para evitar una mayor propagación del covid-19; sin embargo, a partir de mayo se evidenciaron tasas de variación menos negativas”, dice el informe.

En cuanto a la región Caribe, que incluye a los departamentos de Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, San Andrés y Providencia, y Sucre, se ve que a excepción del sistema financiero, las actividades de transporte, construcción, y comercio interno y externo registraron las mayores reducciones, junto a las remesas del exterior que ingresaron a la región, según el Banco de la República, que agrega que “en menor medida lo hicieron agropecuario e industria”.

Otra de las regiones que estudió el Banco de la República fue la Suroriente, que está compuesta por el Amazonas, Casanare, Guanía, Guaviare, Meta, Vaupés, Vichada. Algunos de estos lugares, que inicialmente enfrentaron los picos de contagio, mostraron importantes caídas los sectores de construcción, comercio interno y el transporte, especialmente aéreo.

Y como se vio en otras regiones, el sistema financiero mostró un crecimiento por cuenta de las captaciones y colocaciones, lo mismo que pasó con el sector agrícola, sobre todo la producción de arroz. “En comercio exterior, las exportaciones, excluyendo petróleo y sus derivados, se redujeron mientras las importaciones crecieron. En cuanto al desempleo, este aumentó de manera atípica y la inflación fue inferior a la observada un año atrás”, detalló el informe.

Para la región más golpeada por el desempleo, que fue la Centro, y que está compuesta por los departamentos de Caquetá, Huila y el Tolima, se ve que fue la construcción, el transporte, el comercio, la baja ocupación hotelera y la reducción de las remesas las que explicaron la destrucción de empleos y en el bajo desempeño de su economía.

“Los indicadores laborales mostraron una destrucción masiva de empleos, lo que disparó la tasa en Neiva, Ibagué y Florencia a porcentajes inusitados. Por su parte, la inflación en las capitales mencionadas experimentó en junio una drástica reducción, asociada al deterioro de la demanda a raíz del elevado desempleo”, apunta el informe.

Finalmente, como denominador común el Banco de la República señala que desde mayo se empezaron a ver indicadores menos malos que el de abril, una situación que se podría repetir en el tercer y cuarto trimestre.

Según afirma el Gobierno, la contracción de la economía al cierre de este año sería de 5,5%, el BanRep calcula que estaría entre 6% y 10% y Fedesarrollo dice que podría estar entre 5% y 7,9%.

EL CASO DE BOGOTÁ 

Teniendo en cuenta que la región de Bogotá y Cundinamarca es una de las que más pesa en el PIB del país, su desempeño en la economía, impacta en gran medida los resultados nacionales.

Según el Banrep, la mayoría de indicaddores de esa zona mostraron una reducción, que tuvo que ver con una menor demanda interna y externa. De igual manera, se ve que las actividades industriales, la cons- trucción, el comercio minorista -excepto alimentos y bebidas-, el transporte, y el comercio exterior, presentaron fuertes caídas, así
como las remesas.

Y se resalta que la tasa de desempleo de la ciudad alcanzó niveles sin antecedentes históricos, según el Banco de la República.

María Camila González Olarte
marola@eltiempo.com

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