Bryan Oña fue padre y se dedicó a emprender en la cuarentena



Ocho días antes de que las autoridades gubernamentales decretaran estado de emergencia en el país y ordenaran el confinamiento obligatorio, nació Efraín Caleb, el primogénito de Bryan Oña, jugador de U. Católica. Su llegada al mundo fue un bálsamo para el futbolista sangolquileño.

El pequeño, que el jueves pasado cumplió 4 meses, fue el pretexto para reunir al círculo familiar de Oña en su casa del valle de Los Chillos. Con sus padres ayudándolo en los quehaceres domésticos y en las tareas, la ‘Abejita’, como lo conocen, pudo concentrarse en sus entrenamientos virtuales y atender a su esposa María José Alvear.

“Que mis padres estuvieran conmigo en casa fue un alivio, porque no tenía que preocuparme de que se fueran a contagiar del virus o que lo trajeran a la casa y pusieran en riesgo a mi esposa e hijo”, dice aliviado el futbolista.

Pero los temores siempre estuvieron presentes. Durante dos meses no recibió visita alguna. Sus tías y primos conocen a Efraín solo por fotos y videos. El tiempo que pasó en casa también le sirvió para coger práctica en el cambio de pañales, en los baños y en la preparación de biberones.

Bryan Oña junto a su esposa María José Alvear y su hijo Efrain, en el primer Día del padre del mediocampista de la Católica. Foto: Cortesía de Bryan Oña

“Mis padres nos ayudaron bastante, pero también me sirvió para verlo crecer. Mi hijo nació un martes y el viernes ya estábamos listos para concentrarnos para el juego ante Emelec. Pero, por suerte, no se dio y desde entonces disfruto de cada momento con él”, afirma.

El tiempo en casa y la necesidad de mantenerse activos también los hizo emprender. A finales del año pasado, Oña y Alvear decidieron vender un restaurante franquicia de alitas y comida rápida.

Cuatro meses después, esa experiencia sirvió para emprender nuevamente, pero esta vez con ayuda de toda su familia. En la cocina de su casa prepara comida típica de la Costa, que comercializan a través de las redes sociales.

Por ahora no tiene un local físico. Su padre hace las veces de repartidor, mientras que su madre y su esposa son las que preparan los alimentos.

“Con mis padres decidimos entrar al negocio. La experiencia que tuvimos con el restaurante fue positiva y nos permitió conocer cómo se mueve la industria de la comida”, dice Oña. Su microempresa empieza poco a poco. Los pedidos llegan a través de Whatsapp o llamadas. El platillo más apetecido es el encebollado.

La vuelta a los entrenamientos en La Armenia

Entre la paternidad, el negocio familiar y el trabajo en casa, Oña retornó a los entre­namientos con 1 kilo y medio menos del que tenía ante de que se paralizaran las actividades.

Su dieta no cambió en los meses que estuvo confinado, pero su rutina sí.
“La mayoría de mis compañeros llegaron al complejo con un poco de sobrepeso, pero yo fui un caso aparte. Por mi metabolismo, es más fácil bajar que subir”, dice Oña.

La ‘Abejita’ tuvo que someterse a un estricto régimen de dieta en las primeras semanas. A diferencia de sus compañeros, que debían bajar, él tenía que subir de peso.

Fabiana Corobo, nutricionista del club, fue clave. También los trabajos musculares sirvieron para que poco a poco se fuera acondicionando físicamente.

“Al principio costó adaptarse a los grandes espacios, pero el cuerpo tiene memoria y ya estamos listos físicamente”, dijo.

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