La economía de 2019, crecer ¿para qué y para quiénes? | Economía



Colombia se convirtió el año pasado en uno de los países líderes en crecimiento económico en América Latina. Todo indica que la cifra que el Dane revelará este viernes sobre el comportamiento del producto interno bruto (PIB) en el 2019 estaría entre 3,2% y 3,3%.

Este dato no solo estaría por encima de lo registrado en 2018, cuando cerró en 2,7%, sino que se ubicaría como el más alto entre las economías más grandes y dinámicas de la región, como México, Brasil, Argentina, Chile y Perú.

(Los desafíos de la economía colombiana en 2020). 

Todo indica que 2020 podría ser mejor, pues la previsión del Gobierno es de 3,7%, en tanto que algunos centros de estudios creen que el PIB crecería este año en un porcentaje igual o levemente superior al de 2019.

Pero el crecimiento de la economía no fue el único indicador positivo del año pasado. También se destacó el buen comportamiento de la inflación que, aunque subió de 3,18% en 2018 a 3,8% en 2019, se mantuvo dentro del rango meta del Banco de la República.

Otras cifras positivas fueron el aumento de la inversión extranjera directa, la estabilidad en las tasas de interés, la solidez del sector financiero y los buenos resultados de las empresas.

Sin embargo, en medio de estos buenos indicadores, surge un interrogante: ¿si el país va bien, por qué está creciendo el descontento ciudadano? La oleada de marchas y cacerolazos, iniciadas el 21 de noviembre pasado, confirman esta situación.

La respuesta es sencilla: el crecimiento económico no es suficiente para atender las necesidades de los hogares. Colombia es uno de los países de mayor desigualdad e inequidad social y esto permite concluir que aunque a la economía le vaya bien, a la gente le puede ir mal.

(‘Crecer a un mayor ritmo es positivo, pero insuficiente’). 

Varios hechos explican las razones del inconformismo ciudadano. Sin embargo, el más relevante es el desempleo de 10,5% del año pasado, frente a una cifra de 9,7% en 2018.

La tasa anual de desocupación completó cuatro años consecutivos en aumento y el país tiene hoy más de 2,5 millones de personas sin trabajo, y una informalidad de 48%.

A ello se suma que el desempleo juvenil ronda el 15% y el femenino es superior al 20%, en tanto que la población venezolana migrante en edad de trabajar puede estar cercana a la de todos los habitantes de una ciudad como Cartagena (último Censo del Dane), que se disputan las oportunidades laborales del país.

Por su parte, Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC, asegura que el mayor problema del empleo rural es la informalidad, que asciende al 86%. Para ello se requiere una reforma laboral que regule el trabajo en el campo y que contribuya a la formalización.

CRECIMIENTO VS. EMPLEO

El dinamismo de la economía en 2019 obedeció a factores como el incremento de la demanda de los hogares, los cuales recibieron un aumento del salario mínimo del 6% frente a una inflación de 3,8%, lo que mejoró su capacidad adquisitiva. Además, en el país hay 1,4 millones de venezolanos demandado bienes (alimentación, vivienda y demás necesidades básicas), que están ayudando a aumentar el consumo.

Igualmente, la mejoría en la confianza empresarial está basada en la implementación de la denominada Ley de Financiamiento, que redujo el impuesto de renta a las empresas, así como en la estabilidad en las tasas de interés, la inversión extranjera directa, el desarrollo de las TIC, el buen desempeño del sector financiero, los precios del petróleo, el aumento de la cosecha cafetera y su aporte al PIB, al igual que el récord de remesas que totalizaron US$8.240 millones, entre otros.

(Recuperación del PIB se consolidaría en 2020). 

Lo ocurrido en 2019 dejó en evidencia varios interrogantes: ¿el crecimiento económico es suficiente para el bienestar social? ¿Crecer para qué? y ¿para quién?

Expertos respondieron la siguiente pregunta: ¿Por qué el PIB va bien, pero el empleo va mal?

De acuerdo con Daniel Castellanos, consultor y profesor universitario “el PIB va bien porque el gasto, especialmente el consumo, se está recuperando de forma importante. El empleo no está creciendo porque los sectores más dinámicos (financiero, minería) no son grandes generadores de este, mientras que los que sí (construcción) están relativamente estancados”.

Sobre el tema, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, aseguró en el Seminario Macroeconómico Anif y Fedesarrollo que “para atacar el desempleo, que es de larga data, se deben pensar en temas de los costos laborales”.

En línea con lo anterior, Juan José Echavarría, gerente del Banco de la República, dijo que uno de los factores que más ha impactado el desempleo, a pesar del crecimiento económico, es el alza en el salario mínimo más allá del dato de inflación y productividad. En este punto agregó que también hay que prestarle atención a los parafiscales y primas laborales adicionales.

En el mismo escenario, Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, aseguró que “para reducir la tasa de desempleo, de acuerdo a 40 años de historia de nuestro país, la economía tiene que crecer por encima de 3,8%”.

IMPACTOS DE LA MIGRACIÓN Y LAS REMESAS

Para Mauricio Reina, investigador de Fedesarrollo, hay varios aspectos que pueden explicar el aumento del desempleo aunque crezca la economía. Uno de ellos es que de 1,5 millones de venezolanos en el país, hay cerca de 400 mil presionando al mercado laboral. Este dato “se tiene que sentir en la economía, meter casi medio millón de nuevos empleos en dos años es significativo”. Otro elemento menor, pero que puede ser clave es el incremento de remesas.

“En las regiones donde más llegan estas se está viendo un aumento del desempleo. Eso puede tener que ver con que la gente tiene un ingreso base, por lo que exige mayores requisitos para emplearse, mientras que cuando no, se emplean con cualquier oferta”.

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