Conozca el pesebre de ocho metros hecho en dulce – Otras Ciudades – Colombia



El gigantesco pesebre que mide ocho metros de largo por 1,50 de ancho es uno de los atractivos turísticos en este fin de año para los visitantes de la carrera 7 #4-51, en el municipio de Floridablanca, Santander.

Para la elaboración de las 100 figuras que tiene este pesebre, se necesitaron 400 libras de chocolate, arequipe, leche, cidra y arroz.

Por 45 días trabajaron siete personas en la elaboración del pesebre que en esta versión le rinde homenaje a los microempresarios y los campesinos santandereanos.

“El pesebre está dividido en dos secciones, en una encontramos a los microempresarios del calzado, confitería, quesería, frutería y en la otra parte están los cultivos. Este año quisimos darle un reconocimiento porque estamos muy olvidados por el Estado”, indicó Cristian Jiménez, creador del pesebre y propietario de Tentaciones Dulces y Obleas.

El cielo que tiene mide 13 metros de largo tiene forma en de ‘L’  y está construido en un espatulado de dulce de arroz para darle más realismo y profundidad.

Los campos están hechos de masa pan, chocolate y arequipe. Los cultivos de los labriegos santandereanos están hechos en brownies y la montaña está hecha con conos de helados y dulce de cidra para que parezcan pinos.

Cristian Jiménez ha sido el creador desde hace siete años, cuando sus padres iniciaron con la elaboración del primer pesebre hecho en dulce.

“Es una tradición que mis padres me dejaron, la entrada es totalmente gratis y este año estamos cambiando una oblea tradicional por un regalo que será entregado a los niños del hospital del Floridablanca y de la clínica Guane”, indicó el creador.

Según indica Jiménez, “se dice que después de los siete años de construirse un pesebre hay creencias de que genera milagros y cosas buenas para la gente que lo visita”.

Todos los días hasta el próximo siete de enero cuando desmonten el pesebre, los empleados de Tentaciones hacen mantenimiento al pesebre para evitar que las hormigas lleguen al lugar.

“Le echamos hipoclorito a las patas de la mesa para evitar que se suban las hormigas. En el pesebre tenemos peces vivos en una quebrada entonces todos los días debemos alimentarlos y mirar que el PH del agua sea el correspondiente”, dice Jiménez.

Los visitantes de este atractivo podrán comer un pedazo de pesebre, “la gente puede venir y pellizcar el pesebre y comerse un pedacito, son unas piedritas hechas en dulce que les dejamos llevarse”, dice el creador.

Cuando ya acaba la época navideña, guardan algunas figuras para un museo del pesebre que están elaborando y lo demás “se lleva a las pailas para elaborar un melado que se dona a los campesinos como alimento para los animales y las plantas”, dice Jiménez.

MARÍA ALEJANDRA RODRÍGUEZ
Corresponsal EL TIEMPO
Bucaramanga

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