Escuelas taller y su enseñanza de oficios, son Patrimonio – Arte y Teatro – Cultura



Durante la pasada sesión número 14 del Comité Intergubernamental del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, que terminó ayer en Bogotá, la propuesta colombiana fue aceptada e incluida en el Registro de Buenas Prácticas.

Su nombre es largo: Estrategia de Salvaguardia de Oficios Tradicionales de Colombia, pero su espíritu viene desde lo más bonito de nuestra tierra: la enseñanza de saberes y oficios para que no se pierda la esencia de lo que somos.

Bien decían las abuelas que había que coger oficio. Y oficio, en líneas generales, es el aprendizaje de una forma de vida y de recuperación. Muchos de estos oficios han pasado de generación en generación y es en los territorios donde mejor se guardan sus saberes y donde están sus sabedores.

La estrategia tiene como base las escuelas taller que desde 1992 existen en Colombia, un modelo se le debe a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) que tiene como fin “recuperar el patrimonio construido y generar oportunidades de desarrollo para la población joven”.

En 27 años, las escuelas taller de Colombia han graduado más de 24.000 personas en diversos oficios, que van desde gastronomía, luthería y recuperación de espacios. Están en Barichara, Bogotá, Boyacá, Buenaventura, Cali, Cartagena, Quibdó, Mompox, Popayán y Tumaco.

A lo largo de este tiempo no solo se han convertido en puntos de enseñanza sino también en lugares para mejoramiento de vida de sus estudiantes y sus maestros.
Además de las escuelas taller, la estrategia incluye el Marco Nacional de Cualificaciones, liderado por el Ministerio de Educación, “que se ha convertido para el patrimonio en un instrumento que aporta a la valoración de los maestros, sus saberes y experiencia, así como el aprendizaje transmitido de generación en generación”, dijo la ministra de Cultura, Carmen Vásquez.

También, la Política para el fortalecimiento de los oficios, con sus estrategias de valoración-sostenibilidad y trabajo-emprendimiento, todo lo anterior enfatizando los oficios asociados al patrimonio cultural, “necesarios en un país en donde es crucial reconocer la diversidad”, dice el documento.

De este modo y con la inclusión en la lista, el país puede “compartir, inspirar, intercambiar y aprender de otros países interesados en la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial”, sigue Vásquez, para quien la inclusión de la estrategia es un apoyo incondicional a los “maestros de oficios y aprendices”.

Por su parte, el documento del comité evaluador elogia a Colombia por “presentar un expediente ejemplar que muestra un programa de salvaguardia arraigado en el desarrollo de la comunidad y la inclusión social, que contribuye a la sostenibilidad de las comunidades y sirve de modelo para la construcción de la paz”.

De este modo, Colombia tiene ahora 11 manifestaciones en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Están, además, los Cantos de trabajo del Llano (con Venezuela), la Música de marimba y cantos y bailes tradicionales del Pacífico Sur de Colombia y la provincia ecuatoriana de Esmeraldas; las Fiestas de San Pacho, de Quibdó; el He Yaia Keti Oka o Conocimiento tradicional para el manejo de los grupos del río Pirá Paraná (Jaguares de Yuruparí), el Sistema normativo wayú (palabrero), el Carnaval de Negros y Blancos, de Pasto, Las procesiones de la Semana Santa de Popayán, el Carnaval de Barranquilla, el Espacio cultural de San Basilio de Palenque y la Música vallenata tradicional.

Hoy, el mundo tiene 508 manifestaciones en 122 países. Hay de diversa índole, como la Fiesta de Fallas, de España; El arte de la pizza napolitana, de Italia; El yoga, de la India; la Dieta napolitana, de Chipre, Croacia, España, Grecia, Italia, Marruecos y Portugal, el tango de Argentina y Uruguay y la bachata dominicana.

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