Los sacrificios que hace con amor una madre sustituta en Barranquilla – Barranquilla – Colombia



Hace un par de años, Nuris Guette Guerra caminaba desprevenida por el norte de Barranquilla bajo la calurosa temperatura que hace cotidianamente en esa ciudad, cuando, de la nada, apareció un joven que la detuvo para preguntarle: “¿Tía, no se acuerda de mí?, yo soy Danilo tía y quiero que sepa que no la olvido, que en su casa pasé la mejor etapa de mi vida”.

Bastó con que el muchacho, ya hoy con 22 años y convertido en enfermero, se identificara para que Nuris se percatara de que estaba al frente de uno de los más de 300 niños que ha tenido a su cargo como madre sustituta, pues hace parte del programa de hogares sustitutos del Instituto de Bienestar Familiar (Icbf), desde hace más de 27 años.

“Esas palabras se quedaron en mi corazón, ya que ese niño estuvo solo unos meses conmigo cuando tenía la edad de 7 años. Imagínese lo que se puede sentir”, manifestó.

La mujer, oriunda del municipio de Sincé, Sucre, pero que lleva 40 años viviendo en Atlántico, 15 de los cuales ha estado radicada en Barranquilla, cuenta que cuando llegó al departamento, inicialmente al municipio de Soledad, conoció a una vecina que tenía un hogar sustituto donde había una niña discapacitada y fue tanto el cariño que le tomó en las oportunidades en las que pudo atenderla, que supo que su vocación era la de servirle a esa población vulnerada y con necesidades de todo tipo.

Es decir, que Nuris, en vez de sacarle el quite a una responsabilidad tan grande como la de criar a un ser humano, es de las personas que sacrifican la fuerza que todavía le queda por  el sueño de brindar bienestar a quienes, por el destino, llegan a ser sus hijos.

Y no es que Nuris no hubiera sabido lo que significa ser madre, pues cuando tomó la decisión de convertirse en una de tipo sustituta ya la última de sus cuatro hijas tenía 10 años. Hoy, con sus frutos biológicos fuera de casa ya  haciendo sus vidas, Nuris vela por la salud y necesidades de cinco niños que no son suyos con un grado de dificultad aún mayor: que tres de ellos vinieron al mundo con discapacidades varias que ameritan que los cuidados sean aún más especiales. 

Nuris es experta en brindar primeros auxilios y conoce perfectamente cómo se alimenta a un niño con gastrostomía. También cuando es necesario correr a urgencia con alguno de ellos, pero también tiene la sabiduría a la hora de inculcarles valores y buenas costumbres. Su labor como madre sustituta es 24/7 y va más allá de solo estar pendiente de los malestares físicos de los pequeños. 

“Si tengo que dormir en una clínica todo un año acompañando a uno de mis hijos, ya me he dado cuenta de que estoy dispuesta a hacerlo. Mis días son interminables porque a la edad en la que me gusta recibir a mis hijos es cuando están más pequeños. por eso mis días transcurren en medio de cambios de pañales y todo los que un bebé necesita”, explicó la mujer.  

Cuenta en tono burlesco, pero con seguridad, que tiene ‘hijos’ regados por distintas partes del mundo. Que se recuerde, tres de ellos fueron adoptados por padres que se los llevaron a Italia y una está en Estados Unidos. 

y aunque reconoce que lo más duro para ella es cuando recibe la noticia del Icbf de que uno de los niños a su cargo fue adoptado, le llega la tristeza, pero también la alegría de que este tenga la oportunidad de tener una familia propia. 

“Los lloro, no lo puedo negar,. pero al mismo tiempo me da alegría porque se que estos niños que salen de mis cuidados van a poder vivir con una mejor estructura y posibilidades de surgir. Ahora, también me sirve para que mi trabajo se vea reflejado en la crianza que les puedo dar en poco o mucho tiempo mientras los tengo”, agregó Nuris. 

Otra de las anécdotas que le hacen erizar los vellos de sus brazos, tiene que ver con un mello que quedó bajo su cuidado, luego de que el hermano muriera por no poder superar una enfermedad congénita, producto de la vida que su madre tuvo al encontrarse en situación de mendicidad. 

Recordó que ese mello que le quedó lo quiso mucho y que al ser adoptado no pudo enterarse ni siquiera de la familia que lo albergaría, hasta que un día la madre adoptiva decidió abrir el expediente y buscarla para que le diera pistas del por qué el menor estaba actuando con rebeldía.  A la madre que la visitó le causaba extrañeza que el niño le pidiera volver a escuchar la voz que sabía cómo arrullarlo.

“Me djjo que su hijo le pedía volver a escuchar mi voz y aunque no lo volví a ver le di pautas para poder llevarlo mejor durante su crianza”, explicó. 

Dios lo escoge a uno para obrar con lo que uno sabe hacer. Esta labor no es nada fácil pero no la cambiaría por nada

Un legado para su familia 

En la amplia sala de piso de granito  del apartamento en el que reside en un primer piso de un edificio en el norte de la capital del Atlántico, ese mismo espacio que vive atestado de juguetes y de niños que revolotean sin parar,  Nuris explica que cuando el Icbf le adjudica un niño, lo primero que ella hace es integrarlo al resto de su familia. 

De inmediato, sin importar su situación, si está desnutrido, enfermo o proviene de unos padres que fueron drogadictos, por ejemplo, sus ojos se  entregan al amor que la mayoría de las mujeres que viven la maternidad solo admiten sentir cuando el niño cuenta con su misma sangre. 

Nuris no sabe discriminar y a todos los  mira con ojos de amor y entrega absoluta. Es un ejemplo desinteresado y capaz  de darlo todo por ver a sus hijos progresar. Por supuesto, como Testigo de Jehova, religión que practica, es de la convicción de que su rol es enseñar y dejarle al mundo el legado de tener seres humanos bien criados y capaces de superar las adversidades. 

“El amor es la base de todo. Pienso en mi retiro de este trabajo, pero realmente no puedo dejarlo de tajo. Mi sueño es que alguna de mis hijas continúen con el hogar y nuestros principios”, confirmó. 

En el apartamento de Nuris Guette Guerra siempre hay niños revoloteando. Ella los recibe de la mano del Icbf y es conciente de que tarde temprano encontrarán una familia, lo que más le alegra. ,

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

‘Es urgente una renovación’

Nuris recibe ayuda de una señora permanentemente, de su esposo y una de sus hijas en la crianza de los cinco niños que actualmente tiene  Para ella, las necesidades que hay en el mundo, sobretodo ahora con el éxodo que se vive en Venezuela, los Hogares Sustitutos en el Atlántico, que no sobrepasan los 160, no están dando abasto. 

Explica que la población ideal para cada hogar es de 3 niños, sin embargo, la llegada de tantos niños de ese vecino país, ha originado que existan casas con cuidados para siete niños, lo que cual desnaturaliza un poco la misión del programa de madres sustitutas. 

“Seamos sinceros, la mujer de hoy, en su mayoría, no se conforma con ser ama de casa y mucho menos de lidiar con hijos ajenos. Por eso es que hacen falta hogares sustitutos en ciudad. Hay una necesidad de renovar a la población de madres sustitutas, pues lo que quedamos somos madres envejecidas y ahora son más niños los que hay que atender. Se necesitan mujeres jóvenes para que haya una renovación. “, explicó.

Nuris no se cambia por nada. Y cuando le dicen que uno de sus hijos fue adoptado, comienza a llorarlos, pero se alegra de lo que le viene.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

‘Lo más duro, verlos morir’

 En el hogar sustituto de Nuris se han muerto, a lo largo de estos años, cuatro niños.

Elle asegura que es la muerte de alguno de ellos lo que más golpea. Es una situación que la ha maltrado bastante y le ha impedido, en algunos momentos, tener la intención de continuar con su labor..

Ella no flaquea y por el contrario sueña con el día de que su hogar sea el más grande y con mayores comodidades. 

“No puedo ver morir a estos niños, pero es que algunos llegan muy mal y a veces uno mismo se desnaturaliza. Me gusta estar al frente de sus enfermedades y brindarles todo mi amor, pero no es mentira que cuando se le muere a uno un ‘hijo’ es lo más dificil del trabajo”, reconoció. 

En Atlántico hay actualmente, con el de Nuris, 160 Hogares sustitutos. Con esa información en la cabeza, aprovecha y lanza la alerta para que las madres sustitutas en el departamento pasen por una renovación. 

“Falta gente joven que haga lo que nosotros hacemos”, sentenció ates de terminar la entrevista y con la convicción de que lo ha hecho todo por el prójimo y casi siempre, a excepción de momentos en los que  se hizo este artículo, en medio del anonimato. 

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
REDACTOR DE EL TIEMPO
BARRANQUILLA 

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