Así se vive en Ituango, un pueblo aún a la espera de la tranquilidad – Medellín – Colombia



—¿Usted qué función cumple por acá?

Ximena, excombatiente de 21 años que hoy hace su proceso de reincorporación en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Román Ruiz, de Ituango, miraba constantemente hacia atrás. Como si temiera por mi respuesta.

—Soy periodista. Vine hasta acá para conversar con los excombatientes y conocer sus proyectos productivos. —Respondí y ofrecí mi mano para que esos dos campesinos que me interrogaron, la estrecharan.

Pero no hubo respuesta, me dejaron con ella extendida. Lo único que hicieron fue asentir con la cabeza.

Diez minutos después descendieron de la chiva.
—Pa’ que vea que en Colombia todavía hay gente buena, —dijo uno de ellos luego de que les ayudara a bajar tres costales que llevaban como carga.

Al llegar a Santa Lucía, vereda que acogió el proceso de desarme y reincorporación de los antiguos guerrilleros de las Farc, después de dos horas y media de recorrido desde el casco urbano de Ituango, Ximena me reveló que esos hombres son paracos y que lo que yo les ayudé a bajar son remesas para la tropa.

Atemorizado y desconcertado permanecí unos instantes. Solo atiné a preguntarle si ellos andaban armados. Ella sonrió. Obvio, me dijo y me contó que desde que los exguerrilleros no se metan con los paracos, no habrá problema.

Soy periodista. Vine hasta acá para conversar con los excombatientes y conocer sus proyectos productivos

Es así como los 21.000 habitantes de las 101 veredas y el casco urbano de Ituango siguen viviendo en medio del conflicto.

Allí, las disidencias del frente 18, al mando de ‘Ramiro’; las del 36, de ‘Cabuyo’, el ‘clan del Gofo’, con ‘Chirimoya’ y hasta los ‘Pachelly’, de Bello, se enfrentan en la región por el control territorial de los cultivos de coca que hay en el páramo Nudo de Paramillo.
Además, corredor estratégico que conecta a los departamentos de Antioquia, Córdoba y Chocó y que tiene salida a los océanos Pacífico y Atlántico.

El comandante de la Séptima División del Ejército, general Juan Carlos Ramírez, señala que Ituango viene en una situación de mejora en la seguridad, pero hay que entender que es un municipio que enlaza el Bajo Cauca con Urabá “lo que lo hace un área de interés criminal para los grupos armados organizados”.

El oficial agrega que también se encuentran factores de inestabilidad como la presencia de cultivos de coca, lo que lleva a la comercialización de pasta base de coca que, a su vez, genera homicidios selectivos y múltiples; hay minas antipersonales sembradas, problemas de extorsión, secuestro y activos estratégicos como Hidroituango.

Entrada a Ituango: Primer filtro

Son 190 kilómetros los que separan a Ituango de Medellín, lo que se traduce en ocho horas de viaje. Aunque a veces pueden ser más, todo depende de Hidroituango. Antes el paso se hacía por el hoy inundado puente Juan de la Cruz Posada, más conocido como Pescadero.

Ahora las opciones son controladas. La primera es atravesar el río Cauca en La Tranquilidad, un ferri cuya capacidad es para tres carros y unas ocho motos, el cruce tarda 20 minutos y es la opción más rápida, pero tomarlo es un golpe de suerte. Según los pobladores son solo tres viajes al día los que hace Naviera del Guavio Ltda., empresa operadora.

En el parque principal el ambiente es de tensión. Mientras el sacerdote habla en su homilía de esperanza, en la plaza pública los pobladores se resignan a tener como paisaje las trincheras.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

La segunda opción es atravesar todo el proyecto hidroeléctrico escoltados por un carro de EPM. Este recorrido, que se hace cada hora, se denomina ‘La Caravana’ y puede demorar entre 30 y 40 minutos aproximadamente.

Entrar a las veredas: segundo filtro

En el parque principal el ambiente es de tensión. Mientras el sacerdote habla en su homilía de esperanza y vida eterna, en la plaza pública los pobladores se resignan a tener como paisaje las trincheras.

Especies de fortaleza levantadas con bultos de arena que sirvió de resguardo a los militares y policías durante la época más oscura del conflicto. Hoy, ese símbolo de guerra y muerte vuelve a estar presente.

El último hecho violento en la localidad ocurrió el pasado 17 de julio hacia las once y media de la noche, cuando sicarios acabaron con la vida de José Leandro Chavarría, excombatiente de las Farc, en proceso de reincorporación. Este año, otras 19 personas han sido asesinadas en el municipio.

En la zona rural el control lo tienen los ilegales. Según cuenta Gloria, excombatiente y quien actualmente habita el ETCR Santa Lucía: “Hay días en los que es imposible salir. La orden es que después de las seis de la tarde ningún carro puede transitar por la vereda. Nosotros, por seguridad, lo dejamos de hacer desde las cuatro”.Los conductores de motos tienen la orden de ir sin casco para que sean fácilmente identificados por los ilegales y quien resulte forastero es retenido hasta que un familiar indique que la persona pertenece a la zona.

Hay días en los que es imposible salir. La orden es que después de las seis de la tarde ningún carro puede transitar por la vereda. Nosotros, por seguridad, lo dejamos de hacer desde las cuatro

En Santa Lucía hay presencia de un batallón del Ejército y un anillo de seguridad de la Policía que están encargados de proteger a los excombatientes, pero esto no ha sido excusa para los criminales.

En el camino se ven algunas fachadas marcadas con mensajes alusivos al extinto frente 18 de las Farc y a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC),
“Con la llegada de excombatientes mejoraron las condiciones de seguridad en la comunidad”, reconoció Samuel de Jesús Villa, vicepresidente de la junta de acción comunal de Santa Lucía. Y añadió que, pese a esto, todavía se escuchan disparos al aire y enfrentamientos al otro lado de la montaña.

Situación que, para Juan de Dios Quintero, líder del ETCR Santa Lucía: “Ha sido dura para los excombatientes y para el campesino en general. Hay muchas amenazas de grupos que se han opuesto a que nosotros estemos acá. Incomodamos. Hay guerra sicológica”.

Para el profesor de Problemas Colombianos, Mauricio Montoya, se ha recrudecido el conflicto en Ituango por la aparición de nuevos actores como los gaitanistas que están allí operando porque se mantienen los cultivos de coca y porque el gobierno no ha logrado implementar lo de la sustitución voluntaria propuesta en el Acuerdo.

Pese a los incumplimientos en la implementación de dicho Acuerdo y a la reactivación del conflicto en Ituango, Yerlis Ballesteros, excombatiente de las Farc, cuenta que dejar las armas le permitió reencontrarse con su familia pues esta ha sido una prioridad para ella. “Durante 10 años no estuve con mis hijos. Hoy estoy con ellos,recuperando ese tiempo”, dice.

Para el general Ramírez, las intimidaciones generaron el desplazamiento de por lo menos 104 personas de la vereda San Agustín. Esta situación llevó a que la Séptima División del Ejército trasladara el puesto de mando de la Cuarta Brigada a Ituango desde hace dos meses.

“Tenemos unas personas exFarc que estamos asegurando porque puede haber interés de atentar contra ellos, más la presencia de grupos armados, especialmente los residuales 36 y 18, y el clan del golfo”, agregó Ramírez. Hasta ahora, el Ejército ha logrado 23 capturas y este año van 17 combates.

Juan Pablo Patiño Osorio
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN

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