María Camila Salas ‘El litoral más allá del paisaje’ | Economía


Si bien el acceso del país a dos océanos es un aspecto de común conocimiento, el potencial económico que esto representa sigue sin dimensionarse plenamente.

Desde los primeros años de formación escolar, es habitual escuchar hablar sobre las bondades de la ubicación geográfica de Colombia: su biodiversidad, el amplio abanico de climas, su gama de pisos térmicos, la disponibilidad de cuerpos hídricos, su porción de selva amazónica, y las regiones costeras, entre otros varios privilegios.

Sin embargo, casi como si se tratara de un esfuerzo contraproducente, la dedicación por socializar las diferentes ventajas que tiene el país con respecto a su territorio ha hecho de estos diferenciales una información más para el archivo. Este fenómeno se hace particularmente evidente cuando se analiza la relación del país con el espacio marítimo del que dispone. Pensar en las costas colombianas rara vez trasciende de la actividad recreativa, lo cual en la mayoría de los casos limita el entendimiento del potencial económico, de competitividad comercial, y de desarrollo social que esto significa para su población.

Lo cierto es que la nación no solo cuenta con el acceso directo a dos mares simultáneamente. De acuerdo con el mapa esquemático de Colombia, realizado por la Comisión Colombiana del Océano, cerca de la mitad del territorio del país pertenece a áreas marítimas -28,46 por ciento en el mar Caribe y 16,40 por ciento en el Pacífico-, lo que equivale a 928.660 km2 de territorio marítimo.

La Comisión también señala que Colombia tiene 3.189 kilómetros de litorales, los cuales cubren a 12 departamentos y a casi 50 municipios.

A su vez, para hacer más contundente esta realidad si se quiere, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza WWF, solamente 21 países en el mundo tienen esta condición de contar con dos océanos distintos, y Colombia está dentro de este selecto grupo.

Ahora bien, en términos económicos, este panorama se traduce en mayores oportunidades para los productores nacionales, al contar con amplias facilidades para exportar; un crecimiento de la participación en mercados internacionales, al poder intercambiar bienes con la suficiente capacidad que demandan los países más industrializados; un posicionamiento en la oferta de otros mercados, al ofrecer precios altamente competitivos; y un incremento en el grado de diversificación de la economía local, al fortalecer sectores productivos distintos a los tradicionales.

Todo esto, sin olvidar la serie de beneficios socioculturales que paralelamente le representa al país el hecho de poder tener un portafolio turístico más amplio, un escenario excepcional para la investigación de fauna y flora, y unas características ambientales para impulsar industrias alternativas -como la generación de energía eólica y solar, por ejemplo-.

En contraste, si se analiza la situación de las naciones que carecen de costas, el marco puede llegar a ser adverso.

Si bien existen casos excepcionales como los de Austria y Suiza, en donde los desafíos geográficos no han sido un impedimento para el crecimiento económico, hay suficiente evidencia sobre la relación entre la ausencia de litoral y los índices de pobreza en países en vía de desarrollo.

Datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estiman que el costo promedio del comercio internacional en los países con estas características es entre 30 por ciento y 40 por ciento más alto, en contraste con los demás países que sí gozan de algún tipo de acceso directo al mar.

De la misma forma, el Banco Mundial ha manifestado la importancia de simplificar y robustecer la logística en los países sin litoral, ya que estos se ven inmersos en una gran desventaja comercial y terminan relegados del intercambio en grandes mercados.

Y es en este punto donde la capacidad logística y portuaria juega un papel protagónico para poder capitalizar los atributos de la geografía de un país. Puntualmente, en el caso de Colombia, contar con dos accesos directos al mar exige una capacidad portuaria sofisticada para atender el volumen de mercancías que circula día a día a través de sus costas.

El departamento de Bolívar, por ejemplo, que cuenta con el cuarto puerto de mayor movimiento en América Latina y el Caribe según el reciente informe Actividad portuaria en 2018 realizado por la Cepal, se posiciona como un aliado estratégico de Colombia para su crecimiento económico y el desarrollo de su industria.

A través de este punto en Cartagena, Colombia tiene conexión con cerca de 600 terminales marítimas en todo el mundo, concentra más de la mitad de las operaciones aduaneras del país, recibe el 97% de las recaladas de cruceros, y moviliza más de 2.800.000 contenedores por año.

Adicional a la actividad de su zona portuaria, gracias a la presencia de litoral en el departamento y las características climáticas, la región alberga proyectos como Celsia Solar Bolívar, que impulsa la generación eléctrica a través de vías alternativas, el Hospital en Serena del Mar, que le permite al país exportar servicios de salud.

Así mismo se proyecta la expansión del actual aeropuerto y una nueva ciudadela aeroportuaria de talla mundial.

Colombia tiene una posición privilegiada a nivel mundial para competir bajo las más altas exigencias de los mercados foráneos.

Expandir la concepción de sus fronteras marítimas más allá de lo lúdico es esencial para darle la importancia al comercio nacional y permitirle ser cada vez más relevante en el plano internacional. A la larga, las terminales portuarias como las de Bolívar se perfilan como un eslabón necesario para que Colombia alcance su mayor potencial económico.

María Camila Salas
Directora ejecutiva de Invest in Cartagena

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