Gustavo Moncayo: el ‘Caminante por la paz’ y su vida en el exilio desde Canadá – Otras Ciudades – Colombia



Voy a recoger las cosas que un día quisieron que dejara atrás. Aquellos que me dijeron que cantarle al pueblo era criminal…

Al otro lado del teléfono se escuchan personas aplaudir mientras Gustavo Moncayo entona esa canción que lo cautivó hace un par de años durante un congreso realizado en España.

Es martes y no más de 10 personas que transitan por esa calle de Toronto (Canadá) se detienen a admirar a aquel señor que con su guitarra entona ‘Sueño un nuevo amanecer’, una composición del grupo musical Pasajeros, de Medellín.

“Los conocí durante una ponencia que tuve en España –recuerda Gustavo Moncayo–. Ellos, así como yo, también fueron exiliados”.

Este mes, Gustavo Moncayo cumplirá su primer año viviendo en la capital de la provincia de Ontario. Tuvo que huir de Colombia luego de recibir amenazas contra su vida por su trabajo como educador de la paz. La que tanto anhela para ese país que aún le duele pese a estar a tantos kilómetros de distancia.

Acomodé los abrazos, las notas de aliento, la vitalidad que hicieron que mantuviera los ojos abiertos a la realidad. Reventaré los silencios, los miedos, los ruegos, la cruel soledad. Recogeré la esperanza de un pueblo que clama justicia social…

Bajo amenazas, seguimientos extraños y después de la derrota del Sí en el plebiscito por los Acuerdos de Paz con las Farc en 2016, el profesor Gustavo Guillermo Moncayo decidió que sus días de exilio no serían por temporadas sino definitivos y hasta nuevas perspectivas en Colombia.

A muchos colombianos todavía no se les olvida la imagen del caminante que se colgó una cadena en su pecho y usando una camiseta con la fotografía de su hijo Pablo Emilio, un cabo del Ejército secuestrado por las Farc el 21 de diciembre de 1997 en la base del Ejército de Patascoy, en el sur de Colombia, le pidió al Estado y a la guerrilla un acuerdo por su liberación.

El profesor Moncayo se hizo conocido como el ‘Caminante por la paz’ desde el 17 de junio de 2007, cuando empezó los recorridos desde su natal Sandoná, en Nariño, hasta Pasto. Desde allí caminó hasta la Plaza de Bolívar, en Bogotá, trayecto de 46 días, para exigir en distintos tonos y formas la liberación de su primogénito y otros secuestrados.

Su primera gran caminata fue de 2.509 kilómetros para exigir la liberación de su hijo.

Hasta entonces, era un docente común y corriente, aunque muy dolido y afligido por el secuestro de su hijo en un inhóspito y frío Patascoy, cerro localizado entre los departamentos de Nariño y Putumayo.

En esa primera etapa fueron 2.509 kilómetros de vías de comunicación. Un mes y medio después, acompañado de su hija Yuri Tatiana, el profesor empezó la segunda aventura, una travesía que subió a países de Europa con el fin de lograr un Acuerdo Humanitario en Colombia.

Esa noticia que tanto esperaba se demoraba. “No puedo estar tranquilo hasta no tener a mi hijo en mis brazos”, decía el profesor, al que algunos sectores tildaban de guerrillero.

Después, Moncayo emprendió viajes por varias ciudades del país para dictar charlas en las que reclamaba la anhelada paz del país. El 30 de marzo de 2010, después de más de 12 años en cautiverio, el militar volvió a la libertad. Fueron más de 5.000 kilómetros de caminatas de su padre para conseguir su liberación.

Pero la pesadilla de la familia no terminó con la libertad del militar. Las amenazas tocaron al profesor Moncayo y a tres de sus cinco hijos, incluso al propio Pablo Emilio.
Pablo Emilio decidió seguir en el Ejército con un bajo perfil. A la hora de su secuestro era cabo primero y cinco años después de su liberación se retiró cuando ya era sargento viceprimero. Luego hizo estudios políticos y se convirtió en tutor de paz en Italia gracias a una beca que le facilitó la Summer Peace University con el instituto Iscapi (Istituto Superiore Calabrese di Politiche Internazionali) y la Fundación Íngrid Betancourt.

En marzo de 2011, el profesor Moncayo adelantó una gira por países de Suramérica para pedir por la liberación de los compañeros de cautiverio de su hijo y por la paz de Colombia. Fue en septiembre de ese año cuando se conocieron las primeras versiones sobre las amenazas a los Moncayo.

“Yo vivía en Bogotá –recuerda Moncayo–. A varios de nuestros compañeros los amenazaron y cuando empezaron a asesinarlos me di cuenta que no era un juego. Yo llegué a mi vivienda y solo pude tomar mi guitarra, algunos apuntes y dos mudas de ropa”.

El sargento retirado del Ejército Pablo Emilio Moncayo también denunció las intimidaciones: “Creemos que es a raíz del trabajo que se realiza en las Fundaciones que se están recibiendo las amenazas. El último mensaje que llegó también le llegó a mi papá”.

A comienzos de octubre de 2012 los Moncayo abandonaron el país. En una declaración, Pablo Emilio, promotor de Arquitectura Social Integral para Nación en Paz, de la Fundación Región Sana, aseguró que dos veces estuvieron buscándolo para asesinarlo. En una de ellas alcanzó a detectar que lo seguían y tuvo que huir hasta encontrar una patrulla de la Policía.

En un libro sobre sus vivencias, Pablo Emilio escribió que “Gustavo Guillermo Moncayo Rincón, el ‘Caminante por la Paz’, mi padre, ha sido un hombre paciente, estudioso, humano. Siempre justo y humilde, siempre alegre y extrovertido. Dedicado a su familia, abnegado. Vituperado por unos, alabado y admirado por la mayoría.

Desde Canadá, el profesor Gustavo Moncayo continúa participando en diferentes movilizaciones por la paz.

Siempre me motivó a buscar el conocimiento, la verdad, la integridad. Recuerdo cómo me enseñó con su paciencia, dedicación y amor a tocar instrumentos musicales (guitarra, charango, zampoñas, quena); a manejar moto y carro, a no temer a los insectos, a enfrentar mis miedos con un paso de valor a la vez. Ha sido el consejero, el guía, el líder. Un héroe, mi héroe”.

Voy a recoger mis sueños, mi vieja guitarra, mi forma de amar. La esperanza de mi gente que pese al destierro no deja de andar. Aquella calle del barrio, los buenos amigos de la libertad, los que confiaron que nunca la voz de un cantor se podía apagar…

Tras un periplo por varios países, finalmente en agosto del 2018, los Moncayo encontraron la oportunidad de llegar a Canadá, donde hoy intentan rehacer su vida.

Su nueva vida

Cada mañana, Gustavo Moncayo sale de su vivienda, donde vive con su hija menor, Laura Valentina, hacia el instituto donde recibe sus clases de inglés.  Son ocho niveles necesarios para poder empezar a trabajar en este frío país y el profesor ya se encuentra en el sexto. Las clases son de 9 de la mañana a 3 de la tarde.

Los fines de semana son un placer para este hombre que en noviembre cumplirá 67 años, pues desde hace algunos meses se ha cruzado con varios connacionales y han formado un grupo folclórico.

“Ha sido una experiencia muy bonita –resalta Moncayo–; mis cuatro hijos (el quinto vive en Alemania) viven muy cerca de mí y eso me da mucha fortaleza. También están mis cuatro nietos, con los que nos reunimos en diciembre para cantar villancicos, yo saco mi guitarra y cantamos de todo”.

Cuando se le pregunta por su regreso al país, el ‘Caminante por la paz’ señala que aún debe esperar cerca de dos años para hacerlo, pues su estadía en Canadá es para obtener su residencia y no puede saltar los conductos regulares.

Pese a eso, no deja de ser invitado a diferentes universidades del país para hablar como defensor de los derechos humanos. Además, ha realizado diferentes movilizaciones en ese país en las que ha convocado a cientos de colombianos y extranjeros para protestar contra la violencia en el mundo, pues él mismo se define como “un loco soñador que quiere un cambio”.

Junto a un grupo de colombianos, y personas de otros países, Gustavo Moncayo ha creado una sociedad donde también hacen música.

También reconoce que se siente muy a gusto en ese país aunque por momentos extrañe su tierra. “Aquí todo es diferente -reconoce-; la gente es más amable, se respeta al peatón. En Colombia tuve que ver muchas injusticias y eso me partía el corazón, me obligaba a vivir enojado. La vida acá ha sido maravillosa aunque Colombia no me deje de doler”.

Mientras existan más niños sin techo, con frío, peleando su pan y se desprecie la vida, la voz de un cantor no se puede apagar…

Un mensaje de amor

Hoy, en Sandoná, un municipio que se distingue por la elaboración artesanal de sombreros y la producción de panela, para nadie es un secreto que el profesor Moncayo, acompañado de sus hijos, salieron de Colombia por amenazas.

Por sus apacibles y tranquilas calles lo poco que se habla del profesor Moncayo es que vive en Canadá.

María Estela Cabrera, la esposa, no ha dejado Nariño, pero guarda silencio mientras continúa su labor como docente en una institución educativa.

El ‘Caminante por la paz’ aún es invitado a dar charlas en universidades y otros eventos.

Mientras tanto, a 6.392 kilómetros, Gustavo Moncayo sigue caminando con su guitarra. Espera poder seguir compartiendo su mensaje y decirle al mundo que hay una oportunidad para todos y que mientras pueda seguir de pie va a luchar por las personas que un día en Colombia vio sufrir.

“A la gente hay que decirle que llene el alma –insiste Moncayo-; que mire si su alma está llena de amor y cómo así puedo cuidar al otro. La gente debe mirar si lo que está haciendo con su vida tiene sentido o no”.

Al terminar de cantar la gente aplaude. El profesor sonríe y agradece en un inglés que aún está aprendiendo. Debe regresar con sus amigos, pero no deja de pensar en todos los proyectos que aún se vislumbran en el futuro para llevar su mensaje de que Colombia, y el mundo, puede ser un lugar en paz.

Y aquí estoy, nunca me fui de allí y aquí estoy, soy y seré el que fui. Mi canción dirá lo que viví, sueño un nuevo amanecer en mi país…

MAURICIO DE LA ROSA Y MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
EL TIEMPO
En Twitter: @maurosa2003 y @Leugim40

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